La Novia, segundo largometraje de Paula Ortiz, es una adaptación de
la obra teatral Bodas de Sangre de
Federico García Lorca. Pese a basarse en el drama, el filme incorpora algunas
libertades de la directora que le permiten alcanzar una identidad propia y que,
de resultas, abren un espacio para el debate sobre la idoneidad de su añadidura.
El argumento transcurre en un
escenario y una época indefinidos, aunque poco importaría que no lo fueran dada
la ubicuidad de la temática que trata. Así, a medida que la película se despereza,
van quedando al descubierto los elementos de verdadera relevancia en su
desarrollo y desencadenamiento, las pasiones humanas, los temas de la película:
el amor, el deseo, el miedo, los celos, la cólera, la venganza y la pena.
En su adaptación, la directora y
guionista fragmenta la línea temporal trazada por García Lorca, por lo que son frecuentes
los saltos temporales y las referencias imaginarias al pasado y al futuro.
Esto, sumado a un estricto control sobre la iluminación, a una reinterpretación
del personaje de la mendiga y a la inclusión de ciertos objetos fantásticos, dota
a la película de un ambiente misterioso y mágico, que resulta en algunos
momentos preciosista y remilgado pero que no puede ser valorado sin considerar
la naturaleza teatral-poética de la obra original, quizá deliberadamente traspuesta
por Ortiz.
Sin embargo, precisamente si
tenemos en consideración la obra original, creemos que, al plantear la puesta
en escena, Ortiz confunde lo poético con lo cursi y lo teatral con lo postizo. Nos
desbordan el uso de las cámaras lenta y rápida, los tonos pastel, los
caballitos de cristal y todo un exceso de utilería de vidrio. Tampoco encajan
bien lo fingidamente desvencijado del decorado con lo acicalado del vestuario,
hasta el punto que acaba pareciendo que el rodaje tuvo lugar en un loft
industrial donde se vende ropa cara.
Aún así, el filme es redondo en
el estilo que ofrece: lo que a nosotros nos desagrada es por el contrario propuesta
consciente de la autora. Además, a pesar de la teatralidad que la adaptación admitía
–la misma que permite brillar a Luisa Gavasa– con no poca complejidad, la
película avanza a buen ritmo y sin altibajos; más si tenemos en cuenta que ya
en los primeros minutos de metraje la directora nos permite entrever el
desenlace.
En definitiva, quizá la temática
y la aridez de los secanos, auténtico desierto lunar –la luna lorquiana,
siempre presente–, requerían mayor aspereza y menor afectación, pero en cualquier
caso no puede negarse que La novia transmite
sensibilidad, cala y deja poso.
No hay comentarios:
Publicar un comentario